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Una travesia a poco kms de San Martin de los Andes.

Estábamos en Agosto del 2007, Christian Aprea y quien redacta estas líneas, Cristian Valdatti, tomando algunos mates y planificando una salida en esquíes de travesía de varios días. Yo tenía entre planes, desde hacía un tiempo, la idea de unir los filos entre el cerro Planicie y el volcán Achen-Ñiyeu. No me costó mucho convencerlo a Christian…, no sabíamos de nadie que lo hubiese hecho con anterioridad, menos aún en invierno y ¡con esquíes de travesía! Miramos mapas, fotos satelitales y nos convencimos de que sí, era posible dicho recorrido.
Días más tarde estábamos cargando con las mochilas, esquíes y todo lo necesario para un itinerario de esa magnitud. El peso en nuestras espaldas y el calor de ese día nos hacían sentir el arduo ascenso entre cañas coligües y árboles caídos, hasta que por fin llegamos al extenso filo del Cerro Planicie que, haciendo honor a su nombre, es como una gran planicie de altura, ahora cubierta de nieve, que nos brindaba una vista única de los cerros circundantes. Ni un poco de brisa circulaba. Yo empezaba a tener molestias en los talones debido al roce y la transpiración dentro de las botas de esquí.
Pasaron horas y seguíamos rumbo a la cumbre del Cerro Aseret, que teníamos a la vista desde hacía pocos minutos. Estábamos justo sobre el Mallín de los Ciervos cuando le comenté a Christian que ya no podía caminar más con los talones así; decidimos entonces encarar la cumbre que, a pocos minutos, teníamos enfrente. Media hora, tal vez tres cuartos de hora y estábamos sacando fotos y apreciando los valles que nos rodeaban desde la cumbre del cerro. Observamos a vista de pájaro el itinerario previsto días antes en los mapas y decidimos postergar para otra oportunidad nuestros objetivos, ya que veníamos con los tiempos muy dilatados y yo con ampollas en los talones. Unos caramelos, abrochamos bien las botas y descendimos esquiando hasta el mallín donde pasaríamos la noche, ¡Qué lindo!
Serían las 18hs cuando comenzamos a cavar en la nieve lo que sería nuestro vivac esa noche, más tarde cenamos y cada uno se abstrajo dentro su bolsa de dormir, sin emitir palabra alguna, observando millones de estrellas que nos cubrían.
No muy temprano en la mañana cargamos nuevamente las mochilas en nuestras espaldas y propuse bajar por un lugar distinto al que habíamos utilizado en la subida. Empezamos el descenso esquiando, la nieve era un placer hasta que llegamos al bosque donde encontramos nieve de muy mala calidad, lo que dificultó el desplazamiento e hizo que encontrara, de vez en cuando, a Christian abrazado a una lenga.
Quedaba poca nieve ya para seguir con los esquíes puestos y por suerte apareció la senda que une Pto. Arturo con Auquinco, pusimos las tablas en la mochila y retornamos a pie por el sendero, hacia la camioneta. Hora y media más tarde, ya estábamos retornando a nuestras casas satisfechos por lo vivido.


Cristian Valdatti.

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